XXIII ORDINARIO/C.
I.- ENVIANDO TU SANTO ESPÍRITU (Sb 9,13-19).
La segunda parte del libro de Sabiduría, que va de los cc 6-9, presenta al rey Salomón en su búsqueda de la sabiduría, partiendo del dato de que él sólo era un hombre, pero que se distinguió por su aprecio a la sabiduría, de tal modo que el cap. 9, presenta a este rey en su oración para alcanzar la sabiduría (cfr. 1Re 3,6-9). En el fragmento hoy proclamado, el rey jerosolimitano se encuentra prácticamente al final de su oración, en la que expresa la dificultad -por no decir imposibilidad- humana para conocer la voluntad de Dios, que es infinita frente a la pequeñez del hombre, atado al pecado, a la corruptibilidad, a la carne y a lo efímero. Por otra parte, resalta la condición mezquina de los pensamientos humanos que se dejan guiar por intereses de todo tipo, están atados al pecado y con frecuencia olvidan la búsqueda de la verdad y del bien y, por tanto, de la voluntad divina. ¿Significa esto entonces, que estamos condenados a ignorar permanentemente el proyecto divino?, en otras palabras ¿estamos condenados a ser infelices para siempre? Se destaca la capacidad de la mente humana para conocer y entender, por sí misma, las realidades que nos rodean, al mismo tiempo que se abre otra vía de conocimiento por medio de la revelación divina; el Señor se ha revelado, Él se ha comunicado con nosotros para darnos a conocer su Misterio de amor y salvación; por esa Sabiduría que viene de lo alto hemos conocido sus designios que ha llevado a muchos a conocer y a practicar lo que a Él le agrada y han alcanzado la salvación.
II.- NO PUEDE SER MI DISCÍPULO (Lc 14,25-33).
Después de la parábola de la elección de los invitados, san Lucas presenta la parábola de los invitados que se excusan para asistir al banquete y en la que se resalta el triunfo de la gracia (vv. 15-24). En los vv. 25-33, el texto de hoy gira en torno al tema del discipulado, mismo que trata en dos momentos: a).- vv. 25-27. En este primer momento se aborda el tema de la primera renuncia, como condición para seguir a Jesús y que exige un desprendimiento completo e inmediato de lo que se ama (cfr. Lc 16,13): la familia y la propia vida; se trata de la renuncia al ejercicio de un derecho y a nuestros propios criterios para asumir plenamente el proyecto del Reino de Dios; también incluye, tengámoslo en cuenta, cargar con la cruz para seguir a Jesús, no se puede ser discípulo si no se asume el dolor y el sufrimiento que resultan de vivir y anunciar el Evangelio. b).- vv. 28-33. Presentan dos aspectos importantes y necesarios para seguir a Jesús: edificar, para construir tenemos que invertir y se invierte lo que se tiene, de modo que nos desprendemos de lo que poseemos por algo mayor y mejor; combatir: a la guerra se sale con todo lo que se tiene, capital, arsenal, soldados, etc.; se va con todo para obtener mayores beneficios; es necesario invertir lo que se posee para lograr algo mejor y con mayor abundancia; apostar al Reino requiere de estas renuncias, si queremos estar con Jesús .
III.- COMO HERMANO AMADÍSIMO (Flm 9-10.12-17).
La fe cristiana va siempre en sentido contrario a la lógica de las estructuras del mundo, se gana más justamente cuando se pierde y, al contrario, se pierde más cuando se gana. Filemón había perdido a un esclavo (Onésimo), a quien san Pablo conoció en la cárcel y lo ganó para Cristo y ahora que éste vuelve a su “dueño”, lo hace en calidad de hermano en Cristo, como hermano amadísimo y esto sólo es posible entenderlo y vivirlo por la Sabiduría que viene de lo alto, que es Cristo y se entregó por nosotros.
ACTIVIDAD : 1.- ¿Qué haces para conocer y poner en práctica la voluntad de Dios?; 2.- ¿Eres discípulo o solamente creyente?, ¿Cómo lo expresas?; 3.- ¿Cuál es tu actitud ante el perdón al hermano?
MEMORIZA : “El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío” (Lc 14,27). Pbro. Lic. Wílberth Enrique Aké Méndez.
REFLEXIONA : Puesto que “no sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4) la petición sobre el pan cotidiano se refiere igualmente al hambre de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo, recibido en la Eucaristía, así como al hambre del Espíritu Santo. Lo pedimos, con una confianza absoluta, para hoy, el hoy de Dios: y esto se nos concede, sobre todo, en la Eucaristía, que anticipa el banquete del Reino venidero” (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 593). “La oración nos es absolutamente necesaria para perseverar” (San Juan María Vianey).
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