XVII ORDINARIO/C.

Después del banquete ofrecido por Abraham a los tres personajes que se le aparecieron y del anuncio del próximo nacimiento del descendiente, dos de ellos se ponen en camino hacia Sodoma, en tanto que el patriarca permanece de pie ante el Señor. Es en este momento cuando el Señor, después de considerar la bondad de Abraham y la magnitud de su misión, le revela su proyecto: su actitud ante el mal, porque el clamor de Sodoma y Gomorra es grande y su pecado es gravísimo y el Señor ha bajado para constatar la realidad antes de actuar. Recordemos que Abraham ya había dicho que “por algo habían pasado” junto a él, cuando los invitó a descansar y comer (v. 5b), pues ahora lo ha entendido del todo cuando surge la pregunta: ¿Puede o debe el justo correr la misma suerte del malvado? Es ahora cuando comprende lo que significa ser “padre de una muchedumbre de pueblos” (cfr. Gn 17,4; Ez 18,), pues es ahora cuando tiene que ejercer su papel de intercesor, comenzando por abogar por cincuenta justos, hasta llegar solamente a 10, pidiendo la misericordia del Señor.

II.- PERDONA NUESTRAS OFENSAS (Lc 11,1-13). Cuando Gn 18 nos ha enseñado el papel de los santos -la intercesión- san Lucas ahora presenta esta catequesis sobre la oración, bajo una doble perspectiva: a).- Insistir . En la primera parte nos enseña la nueva relación con Dios, Él es nuestro Padre y volvemos a su presencia -después de nuestra desobediencia- en calidad de hijos; esto marca una nueva actitud, una nueva manera de tratar y de hablar con Él y, en consecuencia, de ocupar el nuevo lugar que nos corresponde como hijos (cfr. Lc 15,22-24). Por otra parte, nos pone de cara a la etapa del desierto: Israel se rebeló contra el Señor y pidió perdón en múltiples ocasiones; tenía hambre, pidió pan y Yahvé les dio el maná; en esta parte Jesús nos recuerda que nuestro Padre nos dará cuanto necesitemos, sólo tenemos que ser constantes y confiar en que Él nos escucha. b).- Eficacia . Haciendo un paralelismo entre Yahvé y las actitudes paternas del hombre, Jesús afirma que el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan, es decir, el tema de toda oración girará siempre en torno a la petición del Espíritu Santo; tan sólo hay que pedir, buscar y tocar.

III.- VIDA NUEVA CON CRISTO (Col 2,12-14). Habiendo establecido que en Cristo reside toda la plenitud de la Divinidad corporalmente y que en Él alcanzamos la plenitud, ahora san Pablo afirma que por el bautismo hemos sido sepultados, hemos resucitado y Dios nos ha vivificado por la mediación de Cristo y por su intercesión hemos sido perdonados; por su muerte en la cruz hemos sido salvados y tenemos una nueva vida.

ACTIVIDAD : 1.- ¿Qué haces para interceder por tu prójimo?; 2.- ¿Cómo fomentas tu relación filial con Dios?; 3.- ¿De qué has sido sepultado para resucitar con Cristo?

MEMORIZA : Sepultados con Él en el bautismo, con Él también han resucitado por la fe en la fuerza de Dios, que lo resucitó de entre los muertos” (Col 2,12). Pbro. Lic. Wílberth Enrique Aké Méndez.

REFLEXIONA : La oración del Señor contiene siete peticiones a Dios Padre. Las tres primeras, más teologales, nos atraen hacia Él, para su gloria, pues lo propio del amor es pensar primeramente en Aquel que amamos. Estas tres súplicas sugieren lo que, en particular, debemos pedirle: la santificación de su Nombre, la venida de su Reino y la realización de su voluntad. Las cuatro últimas peticiones presentan al Padre de misericordia nuestras miserias y nuestras esperanzas: le piden que nos alimente, que nos perdone, que nos defienda ante la tentación y nos libre del maligno. (Catecismo de la Iglesia Católica, 587). “La oración no es una tarea más, sino que es el corazón mismo de la vida cristiana” (San Juan Pablo II).

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