SURGIRÁ TU LUZ (Is 58,7-10). La tercera parte del libro de Isaías (cc. 56-66), ha comenzado con la invitación a velar por la equidad y la justicia, porque la salvación y la justicia de Yahvé están a punto de manifestarse y, para entonces, serán dichosos todos aquellos que permanezcan fieles a la alianza y, de manera sorprendente, se promete el acceso al templo -y al judaísmo- a todos los paganos que mantienen la alianza del Dios de Israel, pues la Casa de Yahvé será llamada casa de oración para todos los pueblo.
A partir de este momento da inicio una serie de denuncias sobre la rebeldía de Israel, sus faltas a la alianza y, con ello, a las injusticias que de ahí se derivan, de un modo muy especial en la relación ayuno/justicia para con el prójimo y es en este tema en el que el profeta insiste para hacer volver al pueblo a la pureza de la fe para contemplar la salvación ya próxima. Lo que hasta ahora ha realizado Israel como práctica religiosa, no coincide con lo que agrada a Dios y, en consecuencia, deben volver a la práctica fiel de todas las prescripciones cultuales, no como ellos lo han concebido, sino conforme a lo que pide el Señor: poner a la persona humana en el centro de la toma de decisiones, de modo que se practique siempre la justicia y la misericordia, tal y como Yahvé lo practica con Israel.
Sólo a través de esta manera podrá darse la transformación en el creyente que le hará brillar y transformar sus tinieblas en medio día, imitando a Yahvé que es compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en amor y fidelidad (cfr. Ex 34,6).
II.- PARA QUE ALUMBRE A TODOS (Mt 5,13-16). El sermón de la montaña continúa para los discípulos que ahora deben aprender otro aspecto del seguimiento, ya que, directa o indirectamente, todos han sido llamados a colaborar con el Maestro en el anuncio e implantación del Reino y, para hacerlo con eficacia, es indispensable reflexionar sobre dos aspectos fundamentales: a).- La sal de la tierra. La expresión de Jesús sitúa al discípulo de cara a una experiencia cotidiana y no por ello menos importante y es, justamente, la presencia y la función de este elemento de uso generalizado como por ejemplo, se le atribuía un valor purificador (cfr. Ez 16,4; 2R 2,20). Comienza por hacernos pensar en la presencia salina, incluso en las oblaciones ofrecidas a Yahvé (cfr. Lv 2,13), una presencia que marca a todos y cada uno de nosotros, porque está presente en gran parte de nuestra vida; entre los asirios se utilizaba para el culto y entre los nómadas en las comidas de amistad o de alianza de ahí la expresión “alianza de sal” de Nm 2,19, para expresar la estabilidad de la alianza entre Dios y su pueblo; afecta nuestros hábitos (cfr. Col 4,6), nuestra conducta (cfr. Mc 9,49-50), al punto que todos lo perciben. 1.- Ubicación. Esta sal está perfectamente localizada, está aquí, con nosotros y entre nosotros, por lo tanto, no es extraterrestre, no es ni siquiera lunar, es la “sal de la tierra” y, en consecuencia, no tenemos que buscarla lejos ni podemos decir que no está a nuestro alcance. Lo que hagamos aquí y ahora, es para el hombre de hoy que se encuentra lastimado, solo, enfermo y que busca el remedio para sus males. 2.- La alegría de la sal. Uno de los tantos efectos de la sal, es la alegría, el gozo de saberse amado, la paz que da el saberse perdonado; esta alegría hay que vivirla y defenderla, es para transmitir, para contagiar y ofrecer a todos; tiene que impregnar nuestras vidas, pensamientos y actitudes, de modo que todos sepan que Dios es Amor. b).- La luz del mundo. Al participar de la victoria y de la vida que Cristo nos da a través de su Espíritu (cfr. Jn 8,12), tenemos la responsabilidad de ayudar a los demás a encontrarse con Dios para empezar a ser hombres nuevos, igual que Cristo.
III.- POR MEDIO DEL ESPÍRITU (1Co 2,1-5). San Pablo predica el Misterio de Dios y es consciente que lo hace con la fuerza del Espíritu Santo y con el poder de Dios; no es el recurso a la sabiduría humana lo que explica el ministerio paulino, sino el dejarse guiar por la sabiduría divina que hace inteligible el misterio de Jesucristo crucificado. La fe del hombre surge y actúa por el poder de Dios que resucitó a Jesucristo de entre los muertos y nos hace partícipes de esta gran victoria. ACTIVIDAD : 1.- ¿Cuáles son tus tinieblas?; 2.- ¿Qué ofreces al hombre de hoy para vivir el Evangelio? 3.- ¿Cómo expresas en tu vida el misterio de Cristo crucificado?.
MEMORIZA : “Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5,16). Pbro. Lic. Wílberth Enrique Aké Méndez .
REFLEXIONA : Hay actos cuya elección es siempre ilícita en razón de su objeto (por ejemplo, la blasfemia, el homicidio, el adulterio). Su elección supone un desorden de la voluntad, es decir, un mal moral, que no puede ser justificado en virtud de los bienes que eventualmente pudieran derivarse de ellos. (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 369). “El amor es el ala que Dios ha dado al alma para que pueda subir hasta Él” (San Juan Crisóstomo).
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