Agencias/LIBERAL: Más allá del debate ético, también surgen preocupaciones técnicas y de seguridad.

RentAHuman permite ahora a la IA alquilar cuerpos humanos

Una plataforma permite que sistemas contraten humanos para tareas físicas. Con casi 392.000 registrados, plantea un dilema: ¿oportunidad laboral o nueva precarización digital?

LONDRES
AGENCIAS

Durante años, el debate sobre la inteligencia artificial (IA) se ha centrado en una inquietud recurrente: que las máquinas terminen reemplazando a las personas. Sin embargo, un nuevo experimento tecnológico plantea un giro inesperado. En lugar de sustituirnos por completo, algunos sistemas de IA podrían empezar a contratar a humanos para realizar por ellos tareas en el mundo físico.

Y no, no es una broma. Aunque la idea parece salida de una sátira futurista, la iniciativa es real, al menos según su creador, el ingeniero de software Alexander Liteplo.

La plataforma se llama RentAHuman.ai y plantea un modelo aparentemente sencillo: permite que sistemas de inteligencia artificial, capaces de gestionar procesos digitales complejos, pero aún dependientes de personas cuando una tarea exige presencia física, recurran a trabajadores humanos para ejecutar acciones en el mundo real. O, como resume el eslogan de la propia empresa: “La IA no puede tocar la hierba. Tú sí”.

El sistema funciona como una especie de TaskRabbit, una plataforma donde personas ofrecen servicios puntuales –como mudanzas, montajes o recados–, pero en este caso controlada por algoritmos. El proceso se parece a pedir un servicio a domicilio: el sistema localiza a alguien cercano que acepte el encargo, transmite lo que debe hacerse y, cuando el trabajo queda demostrado, se libera el pago automáticamente. En teoría, la selección y contratación pueden realizarse sin intervención humana directa.

A día de hoy, la propia página afirma contar con cerca de 392.000 personas registradas como disponibles para ser contratadas. Sin embargo, Gizmodo señala que solo una fracción de los usuarios ha conectado su monedero de criptomonedas –requisito indispensable para poder cobrar–, lo que sugiere que muchos perfiles responden más a la curiosidad que a un compromiso real con la plataforma.

La idea, en realidad, tiene antecedentes. Según señala Forbes, Amazon ya había lanzado en su momento Mechanical Turk, un servicio donde humanos realizaban microtareas que las máquinas no podían completar. Pero allí los humanos seguían llevando el control.

En este nuevo modelo, en cambio, el rol se invierte y es la IA –o los sistemas automatizados que operan en su nombre– quien asigna tareas y gestiona la operación. El humano queda así reducido a un ejecutor, un nodo más dentro del sistema o, como escribió un usuario en Product Hunt y recoge Gizmodo, un simple “punto final de API”, es decir, un punto donde un sistema digital puede activar acciones en el mundo real.

Más allá del factor novedad, el resultado es una escena casi paradójica: personas diseñan sistemas automáticos que, para cumplir sus objetivos, vuelven a depender de otras personas para poder completarse.

A pesar de lo paradójico, esta dinámica podría empezar a transformar la organización del trabajo, donde ya no existiría una cadena de mando clara, sino una delegación algorítmica que convierte la presencia humana en una especie de infraestructura programable.

RentAHuman.ai es, en última instancia, un espejo que nos devuelve una imagen inquietante: la del ser humano dispuesto a convertirse en un recurso más del sistema, no por imposición, sino por iniciativa propia. Quizá porque el mercado laboral ya nos trata así, porque la precariedad empuja a aceptar casi cualquier ingreso o porque hemos normalizado tanto la lógica de las plataformas que alquilarnos por horas ya no resulta extraño.

La pregunta que queda flotando es si estamos ante una nueva forma de explotación o ante otra mutación inevitable del trabajo. Si se trata de una herramienta con futuro o de una idea que, como tantas en el mundo tecnológico, podría terminar quedándose en una curiosidad pasajera.

LOS TRABAJOS
Los encargos más comunes incluyen recoger paquetes, asistir a eventos para verificar presencia, instalar hardware o firmar documentos. Se trata de intervenciones físicas puntuales, no de empleos creativos ni continuos. Pero también surgen propuestas más extravagantes.

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