I CUARESMA/A.
I.- SERÁN COMO DIOSES (Gn 2,7-9;3,1-7).Este primer domingo de Cuaresma, la liturgia de la Palabra nos invita a reflexionar en dos misterios de la Historia de la Salvación: 1.- La creación de la humanidad. Este momento constituye la obertura de la extensa obra de la salvación, con el relato de la creación de la tierra, del cielo y del hombre; éste viene del suelo, porque Dios lo formó del polvo del suelo para luego elevarlo a la categoría de ser viviente al insuflar en sus narices aliento de vida; al participarle de su propia vida, le da la dignidad que ningún ser de la creación posee ni puede poseer, son solamente seres vivos porque poseen un alma mineral o vegetal y sólo el hombre -y nadie más- tiene alma racional, participa de la gracia y está llamado a la eternidad. 2.- La desobediencia. Pero el ejercicio de la libertad tiene sus cosas positivas, como también sus riesgos y peligros que exigen mantenerse en alerta máxima en todo momento; la serpiente aparece con dos propuestas: lograr la apertura de los ojos (darse cuenta, tomar conciencia) y ser como Dios, que aquí se limita solamente al campo del conocimiento del bien y del mal, pero Dios es mucho más que eso (cfr. Ex 34,6-7) y, en cambio, agrega algunos adjetivos a los frutos de dicho árbol, es decir, es bueno para comer, agradable a la vista y excelente para lograr sabiduría -de manera fácil y falsa-, hace ver la realidad de un modo distinto de tal forma que invite a la desobediencia, objetivo final del diablo o tentador, cosa que logra sembrando la duda.
II.- SI ERES EL HIJO DE DIOS (Mt 4,1-11). Mt 3,16b afirma “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”, al cerrar la escena del Bautismo del Señor y es esta verdad, la que justamente buscará combatir el enemigo a lo largo de la vida y ministerio del Señor. San Mateo presenta en el episodio de hoy, un paralelo entre Israel, con sus cuarenta años en el desierto -que termina en la rebeldía y la desobediencia- y Jesús con sus cuarenta días en el desierto en ayuno y oración; como vimos a lo largo del Pentateuco, en los momentos críticos de Israel, cuando tenía hambre y sed, por una parte reprocha a Moisés -y con él a Yahvé- el haberlo llevado al desierto para matarlo de hambre y sed, al mismo tiempo que hace una comparación entre lo que Dios le da (el maná) y lo que tenía en Egipto. El método utilizado por el diablo es el mismo de Gn 3, pero que se estampa contra la obediencia y la fidelidad de Cristo a la Palabra del Padre, que es fuente de vida y vida eterna para el hombre (Dt 8,3); por otra parte, la Palabra -como insiste el Dt- es para obedecerla, para guardarla con fidelidad y no para otra cosa ajena al proyecto de Dios (Dt 6,16) y, finalmente, la Palabra enseña que solamente hay un Dios a quien debemos adoración y obediencia (Dt 6,13) y todo lo que sea distinto a Yahvé, debe ser expulsado de nuestras vidas y, entre ellos, está satanás quién debe permanecer siempre fuera y lejos de nuestra vida, ya que ésta le pertenece solamente a Dios. Al final de los cuarenta días, Jesús permanece en el ámbito de lo divino -vocación de todo bautizado- ya que el diablo le deja y, en cambio, se acercaron unos ángeles para servirle.
III.- LA OBRA DE LA GRACIA, SE RESUELVE EN JUSTIFICACIÓN (Rm 5,12-19). Ahora san Pablo presenta la obra de Adán frente a la de Jesucristo; el primero supuso muerte y condenación como consecuencia de su desobediencia y afecta a todos los hombres al quedar privados de la gracia. Pero ahora, por la fe hemos sido justificados y estamos en paz con Dios, por medio de Jesucristo (5,1), quien derramó su sangre (5,8), de modo que justificados ahora por su sangre, somos salvados por Él. Así que por su muerte y resurrección somos constituidos justos y reinaremos en la vida por Él. ACTIVIDAD : 1.- ¿Cómo es la sabiduría que obtienes por medio del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal?, 2.- como hijo de Dios, ¿qué haces para mantener fuera y lejos de tu vida al diablo?; 3.- ¿cómo reinas en la vida por Cristo?
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