Pistolas, rifles, armas, arcos, flechas, misiles, gotcha, video juegos agresivos y sangrientos… La motivación de la violencia, la destrucción y la intolerancia hacia los demás comienza en la niñez… jugando. Los juegos y los juguetes nos pueden parecer simples e inocentes maneras de distracción.
Sin embargo, juego significa: “hacer algo para divertirse y entretenerse”, es decir, al hacer -de la guerra un juego estamos enviando el mensaje a miles de niños y jóvenes que matar, mutilar, lastimar, agredir y pegar, son maneras de diversión y entretenimiento. Mandando el peligroso y equivocado mensaje en que: ¡Es divertido lastimar a los demás!
Jugando es precisamente como aprendemos nuestra manera de relacionarnos con el mundo. Y si los juegos nos enseñan a llevarnos con nuestros amigos a base de golpes y empujones, la violencia aparecerá fácilmente y lo que es peor: la podremos ver como algo “natural” o “normal”, apareciendo una distorsión entre los valores del bien y el mal. Por ello, los video juegos solo son recomendados después de los 6 años, pues la consciencia del –bien y el mal- está en plena formación.
La línea de que durante siempre ha separado al bien del mal, parece haberse ido borrando y quizás a veces ya no sabemos que terreno pisamos. Hemos nublado nuestra visión colectiva del bien y el mal.
Incluso, un ejercicio que hago en cada conferencia con jóvenes, les pido que levanten la mano, si se enojasen, si alguien les dice: “Tontos”. La mayoría levanta la mano. ¡Ah! Pero si les digo que son malos, ¿se enojarían? Casi nadie levanta la mano… El mal se ha ido devaluando… ya no se considera malo, ser malo.
Por ello, es importante que podamos cuidar los juegos, los juguetes, las palabras, los mensajes porque la mente de los niños y las niñas es muy frágil y con un cambio de rumbo se puede modificar hacia influencias negativas.
¿Tú qué piensas?
Por: Trixia Valle / LIBERAL
Liberal del Sur – Periodismo Trascendente Noticias de Coatzacoalcos y el Sur de la Región