Las promesas de Dios no caducan.
En tiempos pasados, la palabra tenía un valor que hoy parece haberse perdido. Un apretón de manos era suficiente para sellar un acuerdo; la confianza estaba respaldada por la integridad. No se necesitaban contratos extensos ni papeles firmados: la palabra era la garantía.
Hoy, en una sociedad marcada por la desconfianza, las promesas parecen frágiles. Relaciones rotas, compromisos incumplidos y acuerdos que se olvidan con facilidad han debilitado la credibilidad. Pero mientras lo humano falla, hay una certeza que trasciende generaciones: las promesas de Dios no caducan.
La Biblia lo reafirma en Josué 21:45: “No faltó palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel; todo se cumplió”. Esta declaración histórica no es un simple recuerdo del pasado, sino una muestra del carácter inmutable de Dios.
PROMESAS QUE SOSTIENEN GENERACIONES
La fe de Abraham fue puesta a prueba cuando recibió la promesa de ser padre de naciones en medio de la vejez. Pasaron años, incluso décadas, y la espera parecía eterna. Pero Dios cumplió. La nación de Israel en el desierto también fue testigo de la fidelidad divina: aunque el camino fue difícil, finalmente entraron a la tierra prometida.
El mensaje es claro: las circunstancias no cancelan lo que Dios ha dicho. Sus promesas no dependen del calendario humano ni de la lógica del tiempo.
UN ANCLA EN MEDIO DE LA INCERTIDUMBRE
En un mundo en el que los contratos necesitan cientos de cláusulas para ser respetados y aun así se rompen, recordar que lo que Dios ha dicho permanece para siempre es una fuente de esperanza. Como afirma 2 Corintios 1:20: “Todas las promesas de Dios son en Él sí, y en Él amén, para gloria de Dios por medio de nosotros”.
Cada promesa divina es una respuesta afirmativa que sostiene la vida del creyente. Aunque los tiempos cambien y los hombres fallen, Dios no cambia.
UN LLAMADO A CONFIAR
La invitación para este tiempo es volver a confiar en la palabra de Dios como fundamento seguro. Si en lo humano la palabra se desgasta, en lo divino permanece incorruptible. La hierba se seca, la flor se marchita, pero Su promesa sigue viva.
“Cuando todo caduca en la tierra, la palabra de Dios sigue siendo eterna”. Las historias de perseverancia suelen cautivar nuestra atención. Vemos a deportistas que entrenan durante años para una competencia, a estudiantes que superan noches en vela para alcanzar un título, a padres y madres que, pese al cansancio, siguen luchando por dar lo mejor a sus hijos.
En la vida diaria, la perseverancia se asocia con resistencia, con no rendirse aunque duela, con mantenerse en pie cuando todo dentro de uno pide abandonar.
Ese es el cuadro que todos conocemos: perseverar es aguantar, empujar, resistir con el último aliento. Y es cierto, esa imagen refleja una parte de la realidad en este mundo lleno de obstáculos.
Sin embargo, la Biblia nos presenta un concepto mucho más profundo y esperanzador.
LA PERSEVERANCIA EN CRISTO
Jesús mismo lo dijo con claridad:
“El que persevere hasta el fin será salvo”. (Mateo 10:22, Mateo 24:13, Marcos 13:13).
La perseverancia a la que se refiere no se basa en una fuerza de voluntad inquebrantable, sino en la gracia de Dios que sostiene a sus hijos en medio de las pruebas. A diferencia de las carreras humanas donde cada paso depende del esfuerzo personal, la carrera de la fe se corre sostenidos por la fuerza de Cristo.
Somos salvados por gracia, no por obras; y de la misma manera, perseveramos por gracia y no por nuestro propio mérito. Esto cambia radicalmente la perspectiva: no se trata de vivir agotados tratando de “aguantar”, sino de permanecer confiados en que Dios mismo nos dará lo necesario para llegar a la meta.
PERSEVERANCIA QUE DA GOZO
Cuando hablamos de perseverancia en la fe, no hablamos de resignación, sino de gozo.
No es una lucha ciega contra la adversidad, sino la certeza de que incluso en medio de las pruebas, Dios está obrando.
El apóstol Pablo lo expresó así:
“Nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza”. (Romanos 5:3-4).
La perseverancia que viene de Dios transforma el sufrimiento en crecimiento, el dolor en esperanza y las caídas en oportunidades para levantarse con más fe.
•Cuando la ansiedad nos invade, recordemos que Dios promete paz que sobrepasa todo entendimiento.
•Cuando sentimos que no podemos más, su fuerza se perfecciona en nuestra debilidad.
•Cuando todo parece perdido, Él abre caminos donde no los hay.
•Cuando dudamos de seguir adelante, su gracia nos recuerda que no corremos solos.
El mundo dice: “Si quieres llegar lejos, esfuérzate más”.
Cristo dice: “Si quieres llegar al final, permanece en mí”.
La diferencia es abismal: la perseverancia del mundo desgasta; la perseverancia en Cristo renueva.
Una depende de la fuerza humana limitada; la otra de la gracia divina ilimitada.
“En Cristo, perseverar no es cargar con el peso de la vida, sino caminar confiados en que su gracia nos lleva hasta la meta”.
Víctor Arias oriundo de esta ciudad de Coatzacoalcos, Veracruz actualmente es pastor principal de la Iglesia Restauración en Palenque Chiapas, ubicada en Calle Reyes Heroles y Joaquín Miguel Gutiérrez, colonia Nandiume, Periférico Sur, donde ministra junto a su esposa la pastora Malena Flores de Arias, desde hace 5 años.
Han servido y ministrado en el Centro de Adoración Tabernáculo de Dios que dirige la pastora Guadalupe Ruiz de Arias, en Coatzacoalcos, Veracruz.
Página de Facebook:
Iglesia Restauración Palenque
¡Busca a Dios ahora que puede ser hallado!
Liberal del Sur – Periodismo Trascendente Noticias de Coatzacoalcos y el Sur de la Región