V ORDINARIO/C.
I.- “¿A QUIÉN ENVIARÉ?” (Is 6,1-8).
El capítulo 6 del libro del profeta Isaías, forma parte del llamado “Libro del Emmanuel” (cc. 6-12) y comienza con una visión que cierra la escena con el llamado que Dios hace a Isaías para convertirlo en su profeta. Las escenas de vocación son de las páginas más importantes de la Biblia, como por ejemplo la vocación de Moisés en la zarza ardiente (cfr. Ex 3), la de Isaías en el templo (cfr. Is 6), el diálogo entre Yahvé y el joven Jeremías (cfr. Jr 1), ponen cara a cara a Dios en su majestad y en su misterio y al hombre en toda su verdad, en su miedo y en su generosidad, en su poder de resistencia y de acogida. La teofanía de hoy describe la majestuosidad de Dios sentado en su trono y acompañado de unos serafines que proclamaban la santidad de Dios apareciendo en escena, signos que anunciaban la presencia de Dios, al igual que ocurrió en el Sinaí, cuando tuvo lugar la alianza (cfr. Ex 19-20). Es de notar que conforme a Ex 33,20 los serafines se cubrían el rostro por temor de ver a Yahvé; esto explica la reacción temerosa del profeta al saberse pecador que ha visto a Dios y que, además, habitaba en medio de un pueblo también de labios impuros. La santidad de Dios exige que también el hombre sea santificado, separado de lo profano y purificado del pecado, cosa que uno de los serafines se apresura a realizar, de tal manera que los labios del vidente quedan inmediatamente purificados. Lejos de aniquilarlo, Dios lo purifica y lo prepara para la gran misión que pone en sus manos mediante dos sencillas preguntas a las que el hombre de Dios responde con prontitud, manifestando, así, su disposición para colaborar en el proyecto de Dios: hablarle a un pueblo rebelde para que vuelva a su Dios. Recordemos que en el origen de la vocación hay una elección divina y, en su término, una voluntad divina que realizar.
II.- SERÁS PESCADOR DE HOMBRES (Lc 5,1-11).
La escena de hoy transcurre a orillas del lago de Genesaret a donde la gente acudía para oír la palabra de Dios que Jesús enseñaba, pero en esta ocasión el Maestro introduce nuevos elementos: una barca que hace las veces de un estrado y una persona del pueblo a quien, después, le pide remar mar adentro. Él sigue enseñando a la gente y ha logrado, casi de modo imperceptible, que Simón, no solamente facilitara una propiedad suya -la barca-, sino que sobre todo él fuera ya un agente que colabora y participa activamente en el anuncio del Reino de los cielos. Ahora sólo falta hacer oficial el llamado/respuesta y esto ocurrirá en lo cotidiano de la vida de Simón, una pesca que está fuera de todo parámetro: no es la hora adecuada para pescar ni es el mejor lugar, cercano a la orilla; es en la actividad que ha realizado durante toda su vida donde descubre dos cosas que afectan su vida para siempre: que Jesús lo llama a trabajar por el Reino de Dios, que lo invita a ser un instrumento a través del cual, Dios salvará a los hombres y, por otro lado, comprende que es indigno de semejante tarea, porque es un pecador. La vocación añade algo a la elección y a la misión: un llamamiento personal dirigido a la conciencia más profunda de la persona y que modifica radicalmente su existencia, no sólo en sus condiciones exteriores, sino hasta en el corazón, haciendo de él otro hombre y esto porque la vocación normalmente pone “aparte” al llamado y hace de él un extraño entre los suyos (cfr. Gn 12,; 1R 19,4; Is 8,11; Jr 12,6; 11,18-23; 18,18-23;15,10; 16,1-9; 18,18-23; 19,9-10.14-18). Dios aguarda una respuesta a su llamamiento, una adhesión consciente, de fe y de obediencia. En ocasiones esta adhesión es instantánea (cfr. Gn 12,4; Is 6,8), pero con frecuencia el hombre es invadido por el miedo y trata de evadirse (cfr. Ex 4,10ss; Jr 1,6; 20,7; Jon 1,2-3). La respuesta del Maestro es clara y contundente; “no temas” es Dios quien te llama y Él mismo te da la gracia y los poderes necesarios, solo deja todo y síguelo.
III.- POR LA GRACIA DE DIOS (1Co 15,1-11).
Con el capítulo 15 se cierra esta primera epístola Paulina a los corintios con el tema de la resurrección. Así, san Pablo nos recuerda el núcleo de la fe cristiana: el Evangelio es uno y que Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó al tercer día, según las Escrituras y se apareció a diversos discípulos y, entre ellos, a Pablo quien ha respondido a la gracia recibida de Cristo el Señor.
ACTIVIDAD : 1.- ¿Te has sentido llamado por Dios?, ¿Por qué?; 2.- ¿Cómo se manifiesta tu obediencia al llamado de Dios?; 3.- ¿Qué efectos produce en tu vida la resurrección?
MEMORIZA : “Jesús dijo a Simón: ‘no temas. Desde ahora serás pescador de hombres” (Lc 5,10b). Pbro. Lic. Wílberth Enrique Aké Méndez.
REFLEXIONA : La Iglesia reza a María, ante todo, con el Ave María, oración con la que la que la iglesia pide la intercesión de la Virgen. Otras oraciones marianas son el Rosario, el himno Acáthistos, la Paraclisis, los himnos y cánticos de las diversas tradiciones cristianas. (Catecismo de la Iglesia Católica, 563).
Liberal del Sur – Periodismo Trascendente Noticias de Coatzacoalcos y el Sur de la Región